martes, 20 de noviembre de 2012

LOS OTROS NIÑOS-OBJETO



Hoy es el Día Universal del Niño

Ahí están. No los vemos, pero están ahí. Anónimos. Algunos merecen el ¿privilegio? de saltar a los periódicos. Casi ninguno en portada. Desde el interior nos miran, sorprendidos, rompiéndonos el alma durante el breve tiempo que transcurre hasta que pasamos la página. Con la profundidad y desolación de sus miradas parecen decirnos que no entienden nada, que ellos, simplemente, pasaban por aquí, por la vida, no saben por qué ni para qué. Son los otros niños-objeto.
Los niños siempre han sido niños-objeto. Es tan fácil utilizar a los niños. Los niños-objeto de siempre, los de toda la vida, eran y son esos pequeños seres repeinados y vestidos, como escapados de un figurín, utilizados por la publicidad como una vulnerable diana consumista, y por los padres como signo externo de prestigio social. O aquellas otras aburridas criaturas que bostezan mientras da vueltas y más vueltas el tren eléctrico que su padre le regaló para enterrar un lejano deseo.
Pero los que duelen son los otros. Los otros niños-objeto no son utilizados por la vanidad o la frustración, sino por el odio y la violencia. La utilización de los estos otros niños-objeto, más que pena, inspira terror. Son los niños secuestrados para extorsionar económicamente a sus padres; los utilizados por sus propios padres para extorsionar a la otra parte en los procesos de separación matrimonial; los niños vendidos en el mercado de adopciones, de órganos o de sexo; los niños maltratados, muertos y violados; los niños sucios, desnutridos y, a veces, drogados para su uso en el oficio de la mendicidad; los niños reventados en los conflictos bélicos; los niños-soldado que nunca llegarán a ser niños, a secas…
Pero, ¿para qué preocuparnos? Siempre cabe el recurso a la tranquilizadora anestesia que nos haga soñar que creemos en los milagrosos efectos de un festivo Día Universal del Niño o de unas sesudas Jornadas sobre la Infancia.
Felices sueños.


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