domingo, 15 de abril de 2012

EL DIARIO NOCTURNO DE ENNIO FLAIANO



Hace un año nació este Diario Diurno que ahora tenéis delante. Sigue vivo gracias a vosotros, a vuestro aliento, a vuestros comentarios en el propio blog, en mi correo electrónico, o de viva voz;  elogiosos la mayoría, pero también algunos con un tirón de orejas más que merecido.
En el espacio más destacado de la cabecera del blog manifiesto mi admiración por Ennio Flaiano, periodista, novelista, dramaturgo y autor de varias decenas de guiones cinematográficos, entre los cuales podemos encontrar algunas de las mejores películas del cine europeo del Siglo XX. Una obra suya titulada Diario Nocturno, libro de cabecera durante muchos de mis años (más) jóvenes, inspiró el nombre de mi blog, mediante una incruenta cirugía que cambió lo nocturno por lo diurno.
En este primer aniversario quiero recordar a Ennio Flaiano, muy especialmente por su Diario Nocturno. Se trata de un libro editado en 1958 que incluye diversos relatos (un delicioso Suplemento a los viajes de Marco Polo, en el que reinventa al conocido personaje; La cordura de Pikwcik, Un marciano en Roma…) y el diario que da título al libro. Se trata de una serie de anotaciones, reflexiones y observaciones escritas con un agudo humor irónico. Muchas de ellas (el diario está escrito entre los años 1946 y 1956) podrían pasar hoy por microrrelatos, e incluso por tweets (o tuites, o como quiera que se llamen, que estoy hecho un lío). Mi mejor homenaje a Ennio Flaiano, aunque escaso por la limitación de espacio que me he impuesto en el blog, es recordar algunas de las notas de su diario:

  • Ser pesimista acerca de las cosas del mundo y de la vida en general es anticipar lo que sucederá.
  • Le presentan el proyecto para la disminución de la burocracia. Lo agradece vivamente, pero lamenta que falte el modelo H. Concluye que tramitará el proyecto para un examen solícito a la oficina competente que está creando.
  • Aquella excelente criada tenía una sola ambición: ser actriz. Llegó a serlo y jamás supo hacer los papeles de criada.
  • R. no ha leído nada, pero ha visto la película.
  • Ciertos vicios son más aburridos que la misma virtud. Esta es la única razón de que la virtud triunfe a menudo.
  • Estaba encargado de leer artículos y cuentos en un periódico literario. Recibió una carta de amor; no le gustó, pero con algún corte y rehaciendo el final, podía pasar.
  • Querida, cuando estemos en la cama es inútil que me llames comendador. Sí, comprendo, la costumbre, el respeto, todo lo que quieras: pero ¿qué va a ser de la intimidad? Podemos hacer una cosa: llámame, sencillamente, doctor.
  • Ha dejado de interesarme. Insiste en escribir libros que yo, si quisiera, también podría escribir, pero no leer.
  • “Y vivieron siempre felices y descontentos”. Así termina X sus cuentos para no engañar a su niño.
  • Pequeño retrato: tenía un sentido tal de su propia responsabilidad que, cuando se equivocaba, se exigía a sí mismo daños y perjuicios.
  • D. me habla de cierto negocio que quiere hacer. Se trata de algo turbio y, por lo tanto, seguro; y busca cómplices. Ha intentado llegar a un Ministerio, pero no ha encontrado el camino. “Todo se está poniendo imposible en este país, hasta la corrupción”, concluye, asqueado.
  • Siente una tal desconfianza hacia el futuro que hace sus proyectos para el pasado.
  • En la calle Nomentana, un cura en moto se ve obligado a parar de golpe ante un coche guiado por una monja. No sucede nada. El cura mira a la monja, que tarda en volver a arrancar, y no hace ningún comentario; pero su mirada ligeramente lívida delata lo que está pensando: las mujeres, en su casa.
  • Se levantó de la cama: era feísima. Pasó una hora delante del espejo poniéndose fea.






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