miércoles, 25 de abril de 2012

TU SERENATA DE SHUBERT



Esta mañana, sin saber por qué, me vino el recuerdo de un día muy lejano
en el que, con tu música, me hablaron tus sentimientos. Hasta ese día la Serenata de Shubert me había parecido de un romanticismo un poco empalagoso, pero al oír en aquel tocadiscos renqueante un viejo vinilo con la versión para piano y violín, me sonó con un encanto muy especial, con una gracia insospechada y un valor añadido que nunca pudo soñar su autor. Me dijiste que aquella música, de no haberse adelantado Shubert, la habrías compuesto tú. Lo dijiste con un poco de timidez, como temiendo una burla por mi parte. Pero yo, bien lo sabes, allá donde estés, si guardas, como yo, algún vago recuerdo de aquel día, no me reí. Lo que quizás no sepas es que el respeto casi reverencial con que la escuché no era fingido. La Serenata estaba sonando en mis oídos, en aquel instante, como algo nuevo. Tu pueril confesión hizo que la sintiera como nunca hasta entonces. Porque en ella te veía a ti. Y estaba convencido, completamente convencido, de que aquella música era tuya, que aquella música eras tú.


Para oír la música que da título a esta entrada, conecta los altavoces y pincha en el enlace (duración: 2,45 minutos)

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